SEÑAL EN VIVO

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LA VOZ DEL PASTOR

 

EL ROSTRO Y LOS ROSTROS

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

¡“Tu rostro buscaré Señor! ¡No me escondas tu rostro! (PS 27,8). Esta exclamación del salmo, es una descripción  de la sed del corazón humano que busca el encuentro con Dios, cara a cara, de persona a a persona, pues es lo único que puede dar sosiego y respuesta a los interrogantes de sentido y de verdadera alegría que anidan en toda persona. Y la razón es que el Dios de la Revelación y de nuestra fe, no es una idea ni una opción ética para ser bueno, sino un Dios Persona y personal que nos busca Él mismo y nos encuentra, porque nos ama y tiene un rostro de misericordia para todos.

 

Jesucristo se nos ha manifestado, justamente, como el rostro cercano del Padre y como Él nos lo manifiesta, “quien me ha visto a mi, ha visto al Padre”. Para comprender en la cotidianidad de la vida ordinaria, lo que Jesús quiso trasmitirnos sobre esa cercanía, no es sino observar la alegría que siente un niño al encontrar a sus padres y por ellos ser acogido e incluso, mimado con ternura. Y el primer encuentro es el de la mirada y cara a cara. Tanto más grande e infinita la mirada y encuentro con el Padre Dios.

 

Pero Jesús nos enseñó que su rostro, lo encontramos también en las otras personas, especialmente en los pobres y olvidados o desconocidos a nuestra mirada esquiva e indiferente. “Tuve hambre y me diste de comer… sed y me diste de beber…” “conmigo lo hiciste” (Mt 25), son expresiones e incluso, reclamo profético que siempre resonará en la conciencia humana para invitar a la caridad, a la solidaridad.

 

En el presente año, en nuestro plan de pastoral, enfatizamos el encuentro con Jesucristo en los hermanos especialmente en en los pobres y marginados. Y para acercarnos a este discernimiento y práctica, nos hemos apoyado en el reconocimiento y descripción que el Documento de Aparecida, en nuestra América, hace de los rostros sufrientes que nos duelen y que estamos llamados a encontrar y ayudar: los habitantes de la calle, los migrantes, los enfermos, los adictos dependientes y los encarcelados (D.A. 407-430).

 

Ya en el Documento de Puebla se había abierto este camino de reconocimiento de la dignidad vulnerada de tantos hermanos nuestros, aludiendo a rostros concretos, fruto de la extrema pobreza, como los rostros de niños, jóvenes,indígenas y afro descendientes, campesinos, obreros, empleados y sub-empleados, marginados urbanos y finalmente, los ancianos (D.P. 31-39).

 

Nos corresponde mirar también a nuestro alrededor para descubrir esos rostros y pedir al Señor que nos ayude a reconocer y ayudar con los sentimientos que Él siempre ha tenido para con nosotros: un rostro de misericordia. Con mi fraterno saludo y bendición.

 

 

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo de Bucaramanga

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