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LA VOZ DEL PASTOR

 

 

EL MIGRANTE

 

 

Queridos hermanos y hermanas: el bimestre que empezamos está dedicado en nuestro proceso pastoral, en el presente año, al encuentro con Jesucristo en los migrantes, desplazados y refugiados. Bien sabemos cómo este fenómeno de las migraciones por diversos motivos, se conoce y percibe más, tanto en Colombia como en el resto del mundo. El papa Francisco de modo permanente está llamando la atención sobre este hecho, invitando a gestos de acogida y hospitalidad. Quisiera ahora hacer alusión, para reflexión espiritual, algunos episodios de migrantes que aparecen en la sagrada escritura.

 

Abraham fue un migrante. El Señor le pide en su ancianidad, dejar su tierra, su familia, para ir donde le indicará: “Sal de tu tierra nativa y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré” (Gen 12,1). Abraham obedeció la indicación del Señor y fue a Canaán. Y lo paradójico, se establece por etapas en Negueb, la parte más árida y estéril del territorio. Poco tiempo después tuvo que emigrar a Egipto a consecuencia de una carestía y hambre que se presentó.

 

Resulta, pues sorprendente, como todas las cosas de Dios, que la historia de fe nuestra, comienza con una migración, con un migrante que pone en Dios su confianza. Dios irrumpe en la historia de una persona, Abraham, y se convierte en el modelo de la irrupción de Dios en la conciencia de la humanidad. Él llama poniendo en movimiento al elegido y desestabilizándolo, para que esté en condiciones de ir en “salida” como hoy el papa Francisco lo repite. Y si nos fijamos en todo el Antiguo Testamento, está lleno de situaciones de desplazamiento, migraciones y movilidad, algunas muy dolorosas como la deportación del pueblo de Dios a Babilonia.

 

La Sagrada Familia vivió aquella experiencia amarga, humanamente hablando, de desplazamiento a Egipto, por causa de la persecución de Herodes al Niño Jesús, pues quería matarle, como narra el evangelio de Mateo (2,13 ss.). Al regresar no pudieron establecerse en Judea por temor a Arquelao, hijo de Herodes y su sucesor y por eso fueron a Nazareth, en Galilea, lugar de periferia y territorio por el cual Jesús toma el título de Nazareno. Allí transcurre la mayor parte de su vida y misión. Fue lo que el Padre Dios permitió, para realizar sus planes, que son de salvación, pues aparece siempre la acción liberadora de Dios en los diversos “éxodos”, para rescatar y sanar. Hemos sido rescatados en Cristo el Señor.

 

Sólo Dios sabe y todos nosotros debemos comprenderlo desde la fe, lo que significa la vida de cualquier migrante o desplazado. Son historias de dolor y prueba muchas de ellas, que necesitan siempre de una mirada y acción solidaria. Pidamos al Señor que podamos estar “en salida” para ayudarlos.

 

Con mi fraterno saludo y bendición.

 

Fraternalmente,

 

 

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo de Bucaramanga

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