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LA VOZ DEL PASTOR

 

¡BENDITA EL AGUA!

 

 

El próximo 22 de marzo, se celebra el día del agua. El calendario está lleno de “días de”, pues se quiere llamar la atención sobre personas especialmente o acontecimientos. El agua es un elemento vital al que también se le celebra su día. Y no es para menos pues ella está relacionada muy íntimamente con la misma vida del ser humano y su supervivencia. De modo que el derecho al agua es parte del derecho la vida, don de Dios. Y ella tiene a la vez, un significado ecológico, simbólico y espiritual.

 

Como criatura de Dios, aparece el agua a lo largo de toda la Sagrada Escritura, en primer lugar, como fuente de poder y de vida, de modo que sin ella la tierra sería un desierto, de hambre y de sed y por tanto, como escenario de muerte. Pero también aparece en el culto como elemento de purificación de las personas y las cosas, unidas íntimamente con la vida humana y con la historia de salvación.

 

Cuanto significa para nosotros, a la luz de Cristo, el bautismo que hemos recibido del agua y del Espíritu y que nos hace criaturas nuevas, hijos de Dios, herederos y coherederos de la salvación. De modo que Dios se vale de la criatura el agua para comunicar la eficacia de su propia vida. Bien sabemos, al contemplar la escena de Jesús con la Samaritana y el mensaje tan profundo que nos comunica, cuando el Maestro pide a esta mujer de beber para calmar la sed el camino. La pedagogía de Cristo, sediento de dar su vida abundante a aquella mujer, que representa a toda la humanidad y a la Iglesia, se vale de la criatura, el agua, para comunicarnos que él es el “agua viva” que salta hasta la vida eterna.

 

Esta conciencia que desde la fe nos permite valorar tanto el precioso líquido, nos sirve sin duda también para asumir una mayor responsabilidad en el manejo de este recurso natural, cuya escases está afectando ya a tantas poblaciones que empiezan a carecer de sus beneficios debido a la depredación y desordenada explotación que le estamos dando a los bienes de la creación y que constituyen, sin duda, amenaza a la supervivencia de la humanidad. Debemos pensar en la responsabilidad ética que ello significa.

 

En efecto, en el pensamiento social de la Iglesia hay una perseverante insistencia en el tema: “El agua, por su misma naturaleza, no puede ser tratada como una simple mercancía más entre las otras, y su uso debe ser racional y solidario. Su distribución forma parte, tradicionalmente, de las responsabilidades de los entes públicos, porque el agua ha sido considerada siempre como un bien público… El derecho al agua como todos los derechos del hombre, se basa en la dignidad humana y no en valoraciones de tipo meramente cuantitativo, que consideran el agua sólo como un bien económico. Sin agua la vida está amenazada. Por tanto, el derecho al agua es un derecho universal e inalienable.” (cf. Compendio DS, #485).

 

Apreciemos este don de Dios y cuidemos el agua, ¡porque es bendita! Con mi fraterno saludo.

 

 

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo de Bucaramanga

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